¿Qué es el trauma psicológico?
Hablamos de trauma cuando algo nos sobrepasa: una experiencia que en su momento no pudimos asimilar porque fue demasiado, demasiado pronto o demasiado rápido, o porque estábamos solxs frente a ella. A veces es un hecho concreto —un accidente, una agresión, una pérdida repentina—; otras, algo que se repitió durante mucho tiempo, como el maltrato, el abuso o la negligencia en la infancia.
Lo que hace que algo sea traumático no es solo el suceso, sino cómo lo vivimos y si tuvimos a alguien que nos ayudara a sostenerlo. Por eso dos personas pueden pasar por lo mismo y salir de forma muy distinta, y por eso no hace falta haber vivido «algo muy grave» para que te afecte.
Cuando el daño fue repetido y ocurrió dentro de relaciones de las que dependíamos, se habla de trauma complejo. La Clasificación Internacional de Enfermedades de la OMS (CIE-11) lo recoge como trastorno de estrés postraumático complejo: además de los recuerdos que vuelven, afecta a la regulación de las emociones, a la imagen que tienes de ti y a los vínculos.
Señales de que el trauma sigue presente
El trauma no siempre se recuerda como tal. A menudo aparece en el presente de formas que no relacionamos con el pasado:
- Recuerdos, imágenes o pesadillas que vuelven sin querer.
- Estar siempre en alerta, con un estrés que no se va, sobresaltarte con facilidad o no poder descansar.
- Sentirte desconectadx de tus emociones, de tu cuerpo o de lo que pasa a tu alrededor.
- Evitar lugares, personas o conversaciones que te remueven.
- Reacciones intensas que parecen desproporcionadas y te cuesta entender.
- Mucha culpa o vergüenza, o la sensación de que hay algo mal en ti.
- Dificultad para confiar, poner límites o sentirte a salvo en las relaciones.
- Tensión o dolor en el cuerpo que no termina de explicarse del todo por una causa médica.
Ninguna de estas señales es un diagnóstico por sí sola, pero si te reconoces en varias, puede merecer la pena hablarlo.
Cómo trabajo el trauma
Trabajar el trauma no es revivirlo. Lo primero es la seguridad: que la terapia sea un lugar donde puedas estar sin sentirte juzgadx ni presionadx, y que tengas recursos para regularte cuando algo se remueve. Solo desde ahí tiene sentido acercarse a lo que dolió.
- Estabilización y recursos. Entender cómo reacciona tu sistema nervioso (aquí la teoría polivagal ayuda mucho) y aprender a volver a la calma con la respiración, el cuerpo o la atención plena.
- Procesamiento con EMDR. Cuando hay recuerdos concretos que siguen activos, el EMDR ayuda a integrarlos sin necesidad de contarlos con detalle.
- El cuerpo. Porque el cuerpo también guarda lo que no pudimos decir, el trabajo somático forma parte del proceso.
- Los vínculos y las creencias. Mirar cómo lo vivido ha moldeado tu forma de relacionarte y lo que piensas de ti, y abrir espacio a otras formas de estar.
- Otros lenguajes. Cuando las palabras no alcanzan, una imagen, un trazo o una canción pueden ayudar a decir lo que cuesta poner en palabras.
Todo ello a tu ritmo, y con respeto absoluto por lo que quieras y no quieras trabajar.
Trauma y terapia online
El trabajo con trauma también se puede hacer por videollamada, incluido el EMDR, siempre que tengas un espacio tranquilo y privado. Para algunas personas es incluso más fácil empezar así, desde un lugar que sienten suyo. Te cuento cómo funciona en terapia online.
Preguntas frecuentes
¿Tengo que contar todo lo que me pasó?
No. Tú decides qué compartir y cuándo. Con herramientas como el EMDR se puede trabajar un recuerdo sin narrarlo en detalle.
Pasó hace muchos años, ¿tiene sentido trabajarlo ahora?
Sí. El tiempo por sí solo no siempre cura: lo que no se pudo procesar puede seguir condicionando nuestros días décadas después. Nunca es tarde para cuidarlo.
¿Y si no recuerdo bien lo que pasó?
No hace falta tener un recuerdo claro ni completo para empezar. Trabajamos con lo que hay en el presente: lo que sientes, lo que te pasa en el cuerpo, lo que te cuesta. No se trata de buscar recuerdos, sino de cuidar lo que te afecta hoy.