No estás solx
El abuso sexual infantil es mucho más frecuente de lo que se cree: el Consejo de Europa estima que una de cada cinco niñas, niños y adolescentes sufre alguna forma de violencia sexual. Casi siempre quien abusa es alguien del entorno cercano, alguien en quien la niña o el niño confiaba, y por eso suele ir unido al silencio, la confusión y los secretos.
Muchas personas no lo cuentan hasta la edad adulta, y algunas nunca lo han dicho en voz alta. Si es tu caso, también es un buen momento para pedir ayuda: no hace falta haberlo contado antes, ni tenerlo todo claro, ni ponerle nombre.
Cómo puede seguir afectando en la edad adulta
Cada historia es distinta, pero hay huellas que se repiten:
- Culpa y vergüenza, aunque sepas que no fue culpa tuya.
- Dificultad para confiar, para poner límites o para sentirte a salvo en la intimidad.
- Desconexión del cuerpo o de las emociones, o la sensación de vivir «desde fuera».
- Ansiedad, hipervigilancia, problemas de sueño o pesadillas.
- Malestar o dolor en el cuerpo, a veces sin una causa médica clara.
- Relaciones que se repiten y hacen daño, o miedo a vincularte.
- Baja autoestima, mucha autoexigencia o la sensación de no merecer cuidado.
No son defectos tuyos: son formas en las que tu cuerpo y tu mente aprendieron a protegerse. Lo que en su momento te ayudó a sobrevivir hoy puede estar limitando tu vida, y eso se puede trabajar.
Cómo trabajamos en terapia
- Seguridad primero. Antes de acercarnos a lo que pasó, construimos un espacio en el que puedas estar sin sentirte juzgadx, y recursos para regularte cuando algo se remueve.
- Tú marcas el ritmo. No tienes que contar nada que no quieras. Se puede trabajar sin entrar en detalles.
- EMDR. Ayuda a procesar los recuerdos que siguen activos para que dejen de vivirse como si estuvieran pasando ahora.
- El cuerpo. El abuso deja huella en el cuerpo, y recuperar la sensación de habitarlo con seguridad es parte del camino.
- Otros lenguajes. Cuando no hay palabras, una imagen, un trazo, una canción o una metáfora pueden ayudar a colocar lo que no sabías cómo decir.
Es un trabajo que forma parte de la terapia del trauma, y que también puede hacerse online, desde un lugar en el que te sientas a salvo.
Si acompañas a alguien que lo vivió
Si eres la pareja, un familiar o una amistad de alguien que sufrió abuso en la infancia, también puede removerte, y también puedes pedir ayuda para ti. Escucharle sin juzgar y respetar sus tiempos ya es mucho.
Preguntas frecuentes
¿Tengo que contar lo que pasó con detalle?
No. Tú decides qué compartir y cuándo, y se puede avanzar sin narrar lo que pasó.
Tengo recuerdos confusos o incompletos, ¿puedo pedir ayuda?
Sí. Es muy frecuente. No se trata de buscar recuerdos ni de reconstruir lo que pasó, sino de cuidar lo que te afecta hoy: lo que sientes, lo que te pasa en el cuerpo, lo que te cuesta.
¿Y si nunca se lo he contado a nadie?
Puedes empezar por ahí. Ponerlo en palabras por primera vez, en un espacio seguro y con alguien que sabe acompañarlo, ya es parte del proceso. Puedes escribirme solo con un «quiero empezar terapia», sin dar más explicaciones.